Allí donde las caricias
llenan las manos de sal,
al compás de tus palabras
la vida surgiendo va.
Allí imagino tu nombre,
hundido en raíz mineral,
allí, de tierra bendita,
María del Tucumán.
Años y años te vieron
guapeando entre aquí y allá,
criando hijos y nietos
y los hijos que vendrán.
Negro de noche en tu pelo,
pequeño el modo de hablar,
ojos de almendra que miran
la vida en su trajinar.
Allí donde las caricias
se dan para derrochar
viene llegando tu nombre:
María del Tucumán.
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